ADICCIONES FEMENINAS
De acuerdo a especialistas, “existen factores de riesgo que favorecen las adicciones y la frecuencia con que aparecen resulta de una compleja interacción de fuerzas culturales y familiares que determinan la facilidad de conseguir las oportunidades de obtenerlas, de iniciarse y la disposición del individuo para continuar empleándolas. Quienes se vuelen adictos, son principalmente personas con problemas afectivos. La adolescencia es una etapa en la que se viven crisis por búsqueda de identidad y, al tratar de evadir problemas, se busca su resolución a través de salidas fáciles o formas de omitir pensamientos sobre éstos, por ejemplo, por medio del alcohol y las drogas. Los problemas familiares en los que exista la incomprensión, la ausencia de comunicación, la violencia física o psicológica, el rechazo o abandono, la falta de recursos económicos, dificultades escolares, sentir que no son queridos en sus hogares y otros, los hace caer en el consumo de drogas como una forma de resolver conflictos, y como medio para obtener alivio y placer que contrarrestan el sufrimiento”.
De acuerdo con los datos que arrojó la ENA, 2008, los adolescentes de entre 12 y 17 años tienen más probabilidad de usar drogas cuando están expuestos a la oportunidad de hacerlo que quienes ya han alcanzado la mayoría de edad. Además, presentan 69 veces más probabilidad de usar mariguana cuando se la ofrecen regalada, que sus compañeros que no han estado expuestos.
Internacionalmente, el consumo de 4 copas o más, para ellas, se considera alto. Aunque “las adicciones no dependen exclusivamente de la cantidad que se ingiera sino de que sea considerado un estado de intoxicación periódico crónico. Beber es particularmente riesgoso para las mujeres que sufren daños en el corazón, hígado, cerebro, aunque beban menos y por menos tiempo que los hombres. El riesgo de cirrosis hepática para una mujer es mayor cuando bebe un promedio de dos copas al día. El aumento de cáncer de seno también está relacionado con este nivel de consumo. El organismo de la mujer procesa el alcohol de diferente manera que el hombre. Cuando ambos consumen la misma cantidad de licor, pensaríamos que la mujer está más intoxicada por la diferencia de tamaños. Y es cierto. Pero no creeríamos que el nivel de alcohol en su sangre es significativamente es más alto, incluso después de hacer una comparación en proporción al peso de cada uno. Cualquier mujer que toma de dos a cuatro copas, está por lo menos más intoxicada que su compañero varón de mayor tamaño corporal”, según se explica en el libro El camino a la sobriedad para personas inteligentes. “La primera defensa se da en el estómago, seguida por una batalla en el hígado. Cualquier mujer está en clara desventaja, su cuerpo no es tan capaz de protegerse a sí mismo. Su estómago tiene únicamente 23% de la capacidad que tiene un hombre para neutralizar el alcohol, como resultado, entran más toxinas directamente al torrente sanguíneo. Con el uso excesivo y frecuente, el alcohol destruye la habilidad del estómago para detener su paso. Mientras el hombre pierde la mitad de su capacidad, la mujer pierde casi tosa”.
Se han realizado estudios que demuestran que el cerebro de la mujer es más sensible al alcohol, al igual que el corazón. También son más propensas a sufrir anemia, obesidad y problemas gastrointestinales al beber mucho en períodos más cortos. En años recientes las mujeres han tomado una ruta menos condenatoria desde el punto de vista social: el consumo de tranquilizantes y sedantes, especialmente en Estados Unidos, “los barbitúricos y las benzodiacepinas, como el valium, son parte de la familia del alcohol. Su farmacología es similar”, afirma la publicación citada.
Entre las cifras que reveló la ENA 2008, ocho de cada mil personas consumen todos los días, en una proporción de 7.5 hombres por cada mujer. La cerveza es la bebida preferida. Le siguen los destilados y, en una proporción menor de la población y más bajo es el consumo de alcohol de 96° y de aguardiente. El orden de preferencia por tipo de bebida es similar entre hombres y mujeres. La mayor diferencia entre ambos sexos se observa en el consumo de aguardiente y de alcohol del 96°: 8.5 hombres los consumen pro cada mujer.
El patrón de consumo típico es de grandes cantidades por ocasión de consumo. Casi 27 millones de mexicanos entre 12 y 65 años beben así y presentan frecuencias de consumo que oscilan de una vez al mes y diario, lo que significa que, aunque beban con poca frecuencia, cuando lo hacen ingieren grandes cantidades ( casi 4 millones , una vez a la semana o con mayor frecuencia –usuarios consuetudinarios-). El consumo consuetudinario es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres, en una proporción de 5.8 hombres por cada mujer. Entre ellas, sin embargo, esta manera de beber está aumentando, especialmente en las adolescentes. La diferencia entre mujeres adultas y adolescentes (una mujer entre 12 y 17 años, por cada 1.9 mujeres adultas mayores de 18 años) es menor a la que se observa entre los hombres (un adolescente entre 12 y 17 años por cada cinco adultos mayores de 18 años). Tanto en hombres como en mujeres, el grupo de edad que muestran los niveles más altos de consumo es el de 18 a 29 años y los niveles descienden conforme aumenta la edad. Los adolescentes están copiando los patrones de consumo de la población adulta. Poco más de cuatro millones de mexicanos cumple con los criterios para este trastorno; de éstos, tres y medio millones son hombres y poco más de medio millón son mujeres.
Se sabe que la adicción al tabaco es uno de los factores de riesgo asociado a cualquier tipo de cáncer. En el ámbito nacional, entre la población general de 12 a 65 años, la edad promedio de consumo de tabaco por primera vez fue de 17 años. En los adolescentes, es de 13 años y en la edad adulta es de 17 años. Las principales razones son debido a la curiosidad y la convivencia con los fumadores.
Según expertos en atención de pacientes en estado crítico, no hay “ningún daño diferencial por género”, pero en general producen estos síntomas, aceleran el ritmo cardíaco y pulmonar, dilatan las pupilas, reducen el apetito, producen sequedad en la boca, sudor, dolores de cabeza, pérdida de la visión, mareos, insomnio y ansiedad, A largo plazo y/o usadas en dosis elevadas, ocasionan temblores, pérdida de la coordinación, colapso físico, daño a riñones y tejidos, depresión, malnutrición, aumento repentino de de presión sanguínea que puede producir la muerte por ataque cardíaco”.
Hoy ya no es novedad que el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado velozmente, en todo sentido. Vivimos en un mundo globalizado, de mayores demandas y exigencias, encarnizada competencia laboral y económica. Maternidad retardada, éxito profesional, búsqueda de un mejor poder adquisitivo, deseo de igualar las condiciones con respecto a los hombres. Todo ello puede derivar en una gran carga emocional por ser la mujer perfecta aunque enferma.
Si sabes de una persona que enfrenta la problemática descrita, no dudes en que necesita ayuda profesional, así que dales este artículo y los datos que a continuación aparecen.
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