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HOMOSEXUALIDAD Vergüenza y Riesgo
Basado en el artículo de Guillermo Leone Grupo Phobos, Argentina
Antes de abordar el tema, quisiera definir algunos conceptos que se prestan a diversas interpretaciones, entiendo por homosexualidad una conducta que consiste en relacionarse afectiva y/o eróticamente con personas del mismo sexo, por ejemplo un hombre y un hombre, ahora bien tratándose de una conducta, entre las numerosas que una persona puede ejercer, ésta no define a la totalidad del individuo, ni da cuenta de su identidad o de sus afectos. Homosexual sería entonces aquella persona que tiene conductas predominantemente homosexuales, como comenzar a conformar la percepción de sí misma y/o su proyecto de vida entorno a esta conducta y sea capaz de trascender la esfera afectiva-sexual incorporando las emociones, entonces hablamos de ser gay o de ser lesbiana y esto es lo que comprende una identidad sexual.
Desde pequeños recibimos información que va conformando nuestro sistema de creencias, nuestros valores, la forma en que interpretamos el mundo que nos rodea, y también cómo nos percibimos, cómo nos significamos y valoramos a nosotros mismos. Aprendemos que algunas conductas se consideran “buenas” (aceptables para la sociedad) y otras que se consideran “malas” (rechazadas por la sociedad). Toda sociedad instrumenta sistemas que evitan que hagamos lo que se considera malo. Estos sistemas pueden ser de dos tipos: externos e internos. Como sistemas externos están las leyes, los castigos como por ejemplo la agresión, la discriminación, restricciones de diversa índole y otras formas de violencia o de sanción social. Ahora bien, los sistemas internos (de autorestricción) por excelencia son la vergüenza y la culpa.
Esta misma vergüenza que intenta preservar las zonas más sensibles de la vida afectiva se presenta en personas homosexuales como dificultad para dar a conocer la propia orientación sexual o cuando es descubierta o cuando es expuesta por la fuerza. Ahora bien cuando la vergüenza, que en un principio está al servicio de proteger los vínculos afectivos de una persona homosexual, es llevada al extremo, crea un círculo vicioso: A mayor vergüenza, mayor aislamiento, mayor pérdida de vínculos afectivos.
El campo en el que desarrolla su experiencia una persona homosexual al ser comparado con la experiencia de una persona heterosexual presenta riesgos y recursos claramente diferenciados para uno y otro. Y el soporte ofrecido por el medio ambiente es mucho menor para una persona homosexual. Esto repercute de manera decisiva en el desarrollo y afirmación de una identidad positiva o concepto positivo de si mismo, y consecuentemente en su grado de bienestar y satisfacción.
Las estadísticas de suicidio suelen englobar estos casos bajo el diagnóstico de “depresión” y en consecuencia encubren los verdaderos móviles que llevan a estos adolescentes a la muerte. Hay profesionales cuya dificultad para aceptar a un ser humano que se siente diferente, sumada a la propia inseguridad les lleva a tomar como único parámetro válido la propia preferencia sexual, en consecuencia descuidan o maltratan a estos jóvenes instándonos a hacer modificaciones en su orientación sexual, las que pueden ser posibles a nivel de la voluntad pero no a nivel emocional – afectivo, sin embargo, intentar cambiar la preferencia sexual de una persona no es más que una forma más de discriminación, con consecuencias que pueden ir desde un aumento en los sentimientos de vergüenza, inadecuación y fracaso, hasta trastornos de personalidad: depresivos, paranoides, situaciones de riego y descuido y/o autoagresión.
Las opciones que se presentan a una persona homosexual son básicamente dos: o niega parte de su ser con las consecuencias en contra del sentirse pleno en todas las esferas de su vida); o enfrenta la vergüenza de ser quien es y la consecuente “amenaza de exilio” a dos probabilidades una que es el camino de la vergüenza y la homofobia, que lo puede llevar al propio descuido (autoagresión, sexo sin protección, relaciones de riesgo); o bien al camino en el que encuentre el apoyo de la familia, que le permitirá definir su propia personalidad.
El desafío, para una persona homosexual que desee apropiarse de su derecho a la felicidad, será desarrollar lo que en psicología se conoce como resilencia (que es la capacidad de salir fortalecido de eventos traumáticos) frente a las diversas formas de rechazo y/o maltrato. Esto sólo se consigue transitando el complejo proceso al que se denomina “coming out” o “salir del clóset”. Esta es una condición indispensable para quien desee trascender el mero acto sexual y desarrollar una identidad positiva que integre su deseo, sus afectos y su forma de actuar, en términos gestálticos “hacerse responsable de lo que siente”, dignificando así sus sentimientos, la posibilidad de ser feliz y nada menos que su ser persona.
El deseo no dejará de existir, y quien lo experimente no dejará de ser quien es. Lo que puede ocurrir es que se niegue ese deseo, no sólo perdiendo la posibilidad de hallar satisfacción y condenándose a ser una persona frustrada e incompleta, sino perdiendo un sentido de dignidad, de integridad y de respeto a si mismo.
Para concluir, citaré al Dr. R Duranti (NX Dossier 2003): “Aquellos que no pueden ver su sexualidad positivamente y viven su homosexualidad como algo clandestino, quedan confinados al sexo marginal que tiene que ver con la imposibilidad de tener opciones”.
El proceso de identidad sexual es un proceso que para las personas heterosexuales se da de forma natural, sin cuestionamientos acerca de las implicaciones sociales que repercuten en su preferencia sexual. ¿Padres de familia, hermanos, tíos, primos de una dejaremos sin apoyo, sin afecto, sin amor, sin sostén emocional a una persona homosexual?
Nuestra responsabilidad social que como mínimo necesitamos cumplir es el respeto por las personas que nos rodean independientemente de su raza, credo, sexo, y preferencia sexual.
Si sabes de una persona que enfrenta la problemática descrita, no dudes en que necesita ayuda profesional, así que dales este artículo y los datos que a continuación aparecen.
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Atentamente. Alma Isabel Pérez Salcedo Psicóloga Clínica; Especialista Gestalt en niños, adolescentes y adultos; Sexóloga Educadora
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