LUCHA DE PODER EN LA PAREJA.
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Antes de ser una
pareja, existen dos personas con diferentes mundos, los cuales representan la
historia de sus familias de origen, las experiencias de lo que han vivido, de
lo que han experimentado con otras personas, de cómo se han ido sintiendo a lo largo del proceso de
su propia vida; se suman a estos factores las creencias, ideas, gustos,
pasatiempos, religión, moral personal y sobre todo sus emociones.
Al empezar a
vivir en pareja, estos dos mundos se empiezan
a mezclar y en muchos de los casos el acoplar estos factores no es fácil y se
llegan a crear fuente de conflicto que está sustentada en la necesidad de
imponer al otro las ideas y experiencias propias, como si fueran una verdad
absoluta, o como si la razón estuviera de nuestro lado.
En el inicio de
la vida en pareja, esperamos que estos factores choquen y se generen pequeños
conflictos. Por ejemplo: Reclamos porque uno expresa más afecto que el otro,
incapacidad de tomar iniciativas, problemas en el reparto del tiempo libre,
etc. Es común escuchar frases como las siguientes:
Lo que hasta el
noviazgo había sido dar y recibir cariño, lo cual es necesario para cualquier
ser humano desde que se nace hasta que se muere, también lo es en la relación
de pareja. Solo que al desarrollarse la vida en pareja, es uno de los factores
que se empiezan a desaparecer, se nos olvida decirle a la pareja que la
queremos, que nos importa, dejamos de hacer las cosas que le gustan, nos dejan
de importar sus intereses y casi siempre caemos en la rutina de las obligaciones.
Tal parece que en la actualidad el sinónimo de pareja es atender obligaciones.
No expresar
afectos fundamentales como: el cariño, la ternura, la calidez y la pasión termina por apagar la llama que enciende la
relación, si no la cuidamos se apaga. Por ejemplo: Olvidar dar y recibir
abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras
estimulantes y agradables, se debe reconocer los éxitos de la pareja, no aceptar
que a veces cometen los errores, no aceptar en ocasiones que la pareja tiene razón,
y olvidarlos de que en esencia el otro es así, y las personas sólo cambian
cuando lo quieren hacer, no cuando se los queremos imponer.
Un factor que
dañan mucho a las parejas es vivir como isla, quiere decir que vivimos sin
comunicación. El diálogo de la pareja se centra en los descalificativos, en la agresividad,
en la ironía, en la ofensa y en recordarle a la pareja sus obligaciones. Así es
como se fomentan los conflictos y baja la autoestima.
Como personas
arrastramos vicios como él no saber escuchar, hablar demasiado o no ponerse en
el lugar del otro, los cuales son detonantes de tensión en
Los seres humanos
deberíamos presentar flexibilidad y adaptación a los cambios, sólo que
actualmente no hay mucho espacio para hacer conciencia de estos factores. En la
vida de pareja también se necesita la flexibilidad sobre todo en la convivencia y
en los cambios que se den con el tiempo. Si la pareja tiende a la rigidez e
inflexibilidad de ideas y hábitos puede llegar a asfixiarse, porque cae en la
monotonía, el aburrimiento, la rutina hasta llegar al hastío, sobre todo cuando
estos factores sólo satisfacen a uno de los miembros de la pareja.
El respeto entre
los miembros de la pareja es fundamental. Estar constantemente manipulando y
usurpando el espacio personal del compañero o compañera sentimental desencadena
conflictos serios, ya que la pareja puede sentirse controlada y manipulada dentro
de su espacio vital. Por ejemplo: apropiarse del celular del compañero o
llamarle cada dos minutos, revisarle su agenda, controlarle las salidas,
prohibirle que salga con las amistades, etc.
La vida moderna
requiere de repartir las tareas sobre todo en el hogar, ayudar, colaborar, ser
solidarios uno con el otro es uno de los pilares de la convivencia. En muchas
parejas el hombre considera que al trabajar ya está exento de las tareas del
hogar, y generalmente menosprecia las actividades de la mujer, cuando la mujer está
dedicada al hogar.
Se trata de
equilibrar la cooperación, reconociendo que ambos tienen derecho al descanso y
ambos requieren atención. Cuando en la relación no hay cooperación por parte de
uno o ambos miembros de la pareja la convivencia se convierte en un campo de
batalla de reproches, insultos y frustración causados en muchas ocasiones por
las convicciones tradicionales a las que están acostumbrados, las cuales se
quieren imponer de manera cotidiana y sistemática. Por ejemplo: No contribuir
en las tareas del hogar, dejar de hacer las compras, olvidar con frecuencia las
cosas que te encargó tu pareja o que te pidió que le ayudarás a hacerlas, etc.
Con los factores
que hemos visto tenemos los ingredientes de la fórmula que se va presentar como
una lucha de poder y control al interior de la pareja. Las guerras internas
en cuanto a la economía, el hogar o las relaciones sociales provocan una
espiral de rivalidad que termina por acabar con la convivencia. Las
consecuencias son: el rencor, el enojo, la envidia, la frustración, y la
búsqueda de la derrota de su propio compañero sentimental.
La confianza al
igual que el afecto es uno de los principales pilares de
La inseguridad, el
miedo o la angustia ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja
ocasiona ansiedad, depresión, persecuciones, que convierten la relación en una
lucha, que es causante de conflictos serios.
Otra de las
esferas que se ve afectada, en la relación de la pareja es la vida sexual,
existen cuatro grandes etapas en la sexualidad, una es el deseo, seguida por la
excitación, posteriormente se presente el orgasmo y al final existe una etapa
de descanso reposo, para después reiniciar todo el proceso.
Uno de los
factores que más se daña en la relación de pareja es el deseo, ya que en el
mundo de la pareja al existir problemas cotidianos, discusiones, cuentas
pendientes y todos estos factores que hemos estado hablando que obviamente
generan incomodidad en cualquier ser humano, son el factor primordial para
desaparecer el deseo sexual. Una persona que es sometida al estrés cotidiano de
que hemos estado hablando, generalmente no se da cuenta que su deseo sexual va
bajando día a día, llega un momento en que por alguna razón se da cuenta que no
tiene deseo sexual con su pareja y se convierte en una fuente adicional de
conflicto.
Otro de los factores
que van a ser lastimados por la lucha de poder en la pareja, es el orgasmo ya
que muchas ocasiones se llegan a la falsa solución de ceder en el sexo sólo
porque lo desea la pareja, lo que equivale a sólo permitirle usar tu cuerpo
porque es una de tus tantas obligaciones.
Es de considerar
de mucha importancia que si la falta de deseo se presenta, el resto de la
respuesta sexual queda bloqueada, evidentemente el problema es mucho más
complejo de lo que suponemos. En la fase del deseo interviene el momento
psicológico y emocional de cada persona, lo que quiere decir que todos los
factores que influyen en su vida van a estar directamente relacionados con la
falta del deseo, lo que quiere decir, que se requiere de mucha ayuda profesional
para poderlo solucionar.
Cuando estos
factores aparecen, puede ser en el hombre o en la mujer, sólo que, en la pareja
se ve como un problema del otro y no como un problema de pareja, digamos que lo
más objetivo es pensar que la falta de deseo de uno de los miembros es
consecuencia de una mala relación de la pareja y no de un problema personal. Sólo
en el caso de existir un trauma previo a la vida en pareja puede ser
considerado como algo que hay que trabajar de manera individual.
Lo que
consideramos como crisis afectivas en la pareja, son los detonantes de una mala
relación sexual, de frustraciones, de la falta de ilusiones, de la desesperación,
de los
deseos exagerados de control, de la baja autoestima, y son detonadores de depresión y
ansiedad, que surgen de los efectos de una mal encaminada lucha por el poder al interior
de la pareja. No debemos satanizar la lucha del poder, en otro artículo hablaremos sobre la parte positiva del poder, en este artículo consideramos importante el hacer un espacio de claridad sobre los efectos negativos de la lucha del poder. Consideramos que existe también una parte positiva de esta lucha y lo veremos en una siguiente ocasión. |
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Atentamente.
Terapeuta. José Jaime Martínez.
Sexólogo, Especialista en Hipnosis y en Programación Neurolingüística.
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